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XII Symposium internacional de historia de la masonería española
Manuel Pecellín Lancharro
¿Quién de mi generación no recordará aquello de “las perversas maquinaciones de tenebrosas sectas”? Sin mencionarla por su nombre, dicha imprecación iba directamente contra la Orden del Gran Arquitecto del Universo, la misma que vio a tantos de sus componentes en la cárcel o ante el paredón merced a la terrible Ley para la Represión de la Masonería y el comunismo, dictada el 1 de marzo de 1940. Una sola cosa buena tuvo tal disposición de Franco: los archivos del Tribunal Especial creado al efecto, que se conservan en Salamanca, constituyen una impagable fuente de noticias. (Yo los he visitado alguna vez y no sin fortuna: allí pude localizar los ejemplares del Frente Extremeño, periódico editado en Castuera durante la guerra civil y donde Miguel Hernández colaboró con poemas recogidos poco después en Viento del Pueblo).
Con la restauración de la democracia en nuestro país, la Masonería española fue recuperando bríos y hoy son varios miles los hermanos que la conforman. Una de las actividades más fructíferas en torno a esta Fraternidad son los congresos que vienen celebrándose para mejor conocer su historia. José Antonio Ferrer Benimeli, profesor de la Universidad de Zaragoza, es la figura clave de esta recuperación. Bajo su impulso se ha creado también el CEHME (Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, con sede a orillas del Ebro y al que uno puede dirigirse por el email jmorales@unedaragon.org.
Pues bien, durante los días 8-10 de este mes de octubre ha tenido lugar en Almería el XII Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, organizado con el apoyo del Grupo de Investigación Sur Clío, del Departamento de Historia de la Universidad almeriense. A la vez, el Instituto de Estudios Almerienses montaba la exposición “Entre la historia y el mito. La Masonería española a través de la fotografía”, comisionada por María Carmen Amate Martínez, responsable también del excelente catálogo de la muestra.
Este Congreso llevaba el lema “Represión y exilios”, dupla propuesta para orientar los trabajos. Casi cien estudiosos presentaban ponencias, lo que impondría unas reglas estrictas para dar oportunidad a todos: inicio de las sesiones a primera hora (9 de la mañana), hasta la caída de la tarde; limitación de los discursos a un cuarto de hora (solo un resumen, pues todas serán recogidas extensamente en las Actas) y agilidad en los debates, que la Mesa interrumpía a los pocos minutos.
Profesores llegados de Universidades e Instituciones de Estudio francesas, italianas, belgas, portuguesas, mejicanas, argentinas, puertorriqueñas y cubanas (que yo recuerde), se sumaron al nutrido grupo de españoles, que fuimos desde los más diversos lugares de la Península. Algunos no ocultaban su filiación masónica y todos demostrábamos nuestro interés por esa “asociación secreta (discreta, dicen ellos) de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias”, como de modo no del todo convincente define a la Masonería el diccionario de la Real Academia Española.
Quien esto escribe (uno de los dos extremeños que allí estábamos, junto con Francisco López Casimiro. Esteban Cortijo se inscribió, pero no pudo asistir por causas mayores) se ocupó de la figura de Antonio Otero Seco. En la biblioteca de la sección de español de la Universidad de Rennes se puede leer una placa que dice así: “ Antonio Otero Seco, español, liberal, republicano, nacido en 1905, fue poeta, periodista y crítico literario; exiliado en 1947, enseñó español desde 1952 en esta Universidad y murió en 1970 de nostalgia y lejanía”. Este extremeño, que fue crítico literario de Le Monde, colaborador de la revista de J.P. Sartre Les Temps Modernes¸ y amigo epistolar de tantos escritores del interior (Cela y Delibes, por ejemplo) estuvo condenado a muerte en 1941. Conmutada la pena, pudo huir a Francia y el año 1949 ingresó en la logia Iberia, de París. Su discurso de recepción, que los familiares conservan en copia mecanográfica, es una magnífica pieza oratoria, repleta de metáforas, y fue el texto en el que se apoyaba mi ponencia. Para saber más de este honorable extremeño, recomendamos los dos volúmenes antológicos que ha publicado recientemente la Editora Regional de Extremadura, bajo el cuido de Miguel Ángel Lama y Francisco Espinosa (aunque, inexplicablemente, no reproducen el discurso más arriba citado).
