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Martín López-Vega
RETRATO DE COPISTA
Museo Czartoryski
Caminar por un museo pequeño de un país pequeño
sin saber mucho de su historia
-por todas partes los mismos romanos,
las mismas momias robadas en el mismo Egipto,
raras turistas de la eternidad a su pesar,
los mismos dorados medievales, idénticos juicios finales,
este empeño en resaltar diferencias tan, tan pequeñas...
En el extranjero debes amar a una estudiante de historia
que te explique quiénes llevaban esas armaduras aladas
mientras en la silla de la vigilante de sala
duerme el crucigrama apenas comenzado
con tres o cuatro palabras que no comprendes.
Una muchacha copia minuciosamente
un cuadro mediocre con un paisaje bucólico.
En qué pensará, pienso, mientras añade agua
al agua del arroyo, mientras desmigaja
el blanco de una nube, mientras cierra
la puerta de una casa en la que no estará nunca.
Al descubrirme mirándola sonríe. Yo no le digo
que olvide su copia, que se venga conmigo,
que vamos a ponernos las armaduras aladas
para conquistar países de dentro y de lo alto y de luego,
y me voy
dejando atrás a toda prisa paisajes, momias, capiteles,
armaduras aladas,
contagiado sin remedio de este tiempo
tan vulgar, alérgico a cualquier épica.
TRÍPTICO DE LANGUEDOC
I
Sentado a la sombra de las torres medievales del Languedoc
pienso en Ezra Pound, que anduvo por aquí
a pie, buscando las huellas de los trovadores.
Mis bendiciones de hoy son: unos jóvenes que tocan
la guitarra y la trompeta unas mesas más allá,
unos niños que saltan en la calzada romana
sin miedo a los cascos de los caballos del tiempo,
este sol después de tantos días de lluvia
y esta calma reencontrada de viajar solo
de nuevo después de tantos años.
Ayer cassoulet y vino rojo; hoy
en el mercado me reclamaron las ostras,
su olor a un secreto que, por más que penetrado,
nunca se comprende del todo. Abre mis sentidos
y ya no se cierran, no, ya no se cierran.
II
El guarda de la catedral me hace un gesto
para que me acerque a un tapiz medieval.
Señala un león primo lejano del ornitorrinco
y presume de bibliografía: “En aquella época
las otras bestias que aparecen en el tapiz
eran conocidas, pero del león quien tejió
estos hilos apenas sabía lo que había leído”.
Luego, en la capilla de Notre Dame de Betlêm,
el magnífico retablo de piedra carcomida
ante el que pasé una mañana entera:
una alegoría que hubiera hecho callar al Dante,
la charette des damnés en la que todos vamos.
III
Un sátiro, una pera, la cabeza de una gorgona,
una sítula, un centauro, un amor,
una mano sosteniendo un papiro,
media manzana, dos cerezas mordidas
por el tiempo, he ahí cuanto de los romanos
quedó en Narbonne.
Del Languedoc en mí quedan sus torres,
este sentirme abandonado por mis certezas,
volver a mí sin mis viejos mapas,
como si la tierra me diera una nueva oportunidad
hacia mí sin mí regreso.
NOCH NICHT
Es impropio de esta época
amar cuanto dura, bien lo sé;
yo mismo he ido de jardín en jardín
recogiendo los racimos más visibles
y marchando luego, yo mismo
he amado de los cuerpos su fugacidad
y en las almas cuanto en ellas había
de promesa de levedad pasajera...
¡Alma! Menuda palabra
en el siglo del cuerpo
y sin embargo –llamadla como queráis-
yo creo en ella, en que el cuerpo
segrega algo más que líquidos y heces...
Yo, lo reconozco, creo aún en cuanto crece,
en cuanto invade, en cuanto se desborda
cambiando siempre para ser –así sí- siempre nuevo...
Y con todo, así me veo, incapaz
de quedarme, de que alguien se quede,
marchando siempre de donde querría quedarme
y diciendo adiós a quien querría tener siempre al lado.
Y sin embargo en lo más hondo
soy como un árbol que lleva
sus raíces al aire,
como la absurda melena de un viejo...
(Inéditos)
